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Toponimia:
Lamentablemente no está
muy claro el origen de su nombre y se barajan varias
hipótesis, de entre las cuales se nos antoja como muy
verosímil, la de que Catoira tomó su nombre de
<<catorieses>>, gentilicio con el que se
denominaba a los habitantes de Iria (Padrón), a
comienzos de la Era Cristiana. Este calificativo, se
encuentra grabado en la inscripción que se conserva
sólo en parte en la columna o pedestal romano, que se
guarda bajo el altar mayor de la Iglesia de Santiago en
Padrón, al que según la tradición-, estuvo amarrada la
nave que condujo los restos del Apóstol Santiago a
Galicia; dicha inscripción reza así: «(PATRO) NO (CAT)
ORIESES D(E) S(UO) POSUERUNT». (Los Catorieses a su
Patrono dedicaron ....).
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Historia: No cabe la menor duda de que
Catoira debió tener una enorme importancia en el pasado,
hasta el punto de que aquí, se acuñó moneda en la
época visigoda. Así lo acredita Heise en su trabajo, «
Description generale des monnaies des rois wisigoths d´Espagne».(Descripción General de las monedas de los
reyes visigodos de España).

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Catoira
jugó un notable
papel en la historia, como fue la defensa de la ciudad de
Compostela (S. IX-XII), cuándo las incursiones de los
vikingos -no tan fieros-, a las que siguieron las muy
temibles de los normandos y sarracenos, que pululaban por
las costas de Galicia, penetrando por la Ria de Arousa e
intentando continuar por el Ulla, a fin de aproximarse a
Compostela, atraídos -sin duda alguna- por la gran fama
que ya por entonces había alcanzado la ciudad del
Apóstol.
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Así
las cosas, el Rey Alfonso V (El Noble), mandó construir
una ciudad o ciudadela en la Isla de Oneste (hoy pequeña
península en la que tienen asiento las legendarias
Torres de Oeste). Del nombre de esta isla derivó el de
Honesto, nombre con el que se conocía al castillo y,
más tarde, el de Oeste.
Son
dignas de mención las invasiones de los años 858, 968 y
1016. En la de 968 -la más sangrienta-, una numerosa
escuadra normanda compuesta por más de cien naves,
penetró por la Ría y se acercó a los juncales que hoy
existen en Cabreira (entonces puerto de Cabreriza), donde
desembarcaron los invasores, y se pusieron en marcha
hacia Iria, arrasando e incendiando todo a su paso y
capturando a los lugareños.De
esa fecha es la célebre batalla de Fornelos, a orillas
del río Louro, en la que cae el obispo Sisnando
atravesado por una saeta.
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Naturalmente,
puesto que las costas gallegas estaban mal custodiadas,
los normandos repetían sus ataques casi todos los años;
es entonces cuando el monarca (Alfonso V) dona a la
Iglesia de Santiago la Isla de Oneste (1024) para que se
construya una fortaleza a fin de impedir estas
incursiones.Algunos años más tarde, siendo Don
Cresconio obispo
de Iria, emprendió la reconstrucción de la fortaleza,
dando a los muros más sólida y firme estructura,
levantó altas torres y, construyó una capilla dedicada
al apóstol Santiago. Asimismo, mandó tender una gruesa
cadena entre las dos orillas del río, para impedir el
paso de las naves.
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En 1071, el obispo compostelano
Don Diego Peláez - a quien se debe el comienzo de la
actual Catedral de Santiago -, edificó en el Castillo
Honesto un gran palacio y levantó nuevas
fortificaciones, destinadas a rechazar no ya a los
normandos, sino más bién las acometidas de los piratas
sarracenos que merodeaban por nuestras costas.
Oportunamente confió la custodia de la fortaleza a un
caballero de su confianza -rico propietario- llamado
Gelmiro o Gelmirio, padre de D. Diego Gelmírez primer
arzobispo de Compostela; sería este quien más tarde
construiría nuevas torres y reductos que harían la
fortaleza inexpugnable.
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